En en apoyo a las protestas de protectores de animales, que denuncian que cada año mueren caballos durante las celebraciones

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A fines de septiembre tendrá lugar la peregrinación gaucha en Luján, en la que el centro de atención es acaparado todos los años desde 1945 por los caballos y sus jinetes. Sin embargo, este año las cosas podrían cambiar. A raíz de las quejas de organizaciones protectoras de animales, quienes critican la explotación que sufren los caballos, muchos de los cuales llegan exhaustos después de remolcar familias enteras durante cientos de kilómetros, la Iglesia pidió que para la próxima peregrinación los fieles sea sin jinetes.

"Deseo convocar a todos para que no dejen de visitar a la Virgen Gaucha y es bueno que lo hagamos juntos con tantos hermanos del campo que veneran a nuestra patrona. Pero les pido que traten de venir con otros medios para no perjudicar a los animales", escribió el arzobispo de Mercedes-Luján, Agustín Radrizzani, en un comunicado publicado en su página web.

La peregrinación gaucha se remonta a 1945, cuando cuatro amigos decidieron recorrer a caballo y de noche los 30 kilómetros que separan Moreno de Luján para participar en los festejos de mayo a la virgen de esa ciudad, una de las más veneradas del país. El entonces arzobispo de la localidad, Anunciado Serafini, los vio entre la multitud y les propuso convertir ese viaje a caballo en una tradición anual, que se repite cada último domingo de septiembre.

"Gracias a Dios, con los años, esta hermosa tradición se fue propagando a zonas más lejanas. Lamentablemente, la realidad es que al venir cabalgando o en distintos medios con tracción a sangre y de mayores distancias, esto fue en perjuicio para los animales", señaló Radrizzani en su escrito. El arzobispo puso como ejemplo el cuidado de San Francisco de Asís a "todo lo que existe" y advirtió que "la indiferencia o la crueldad ante las demás criaturas de este mundo siempre terminan trasladándose de algún modo al trato que damos a otros seres humanos".

Hoy en día la fiesta congrega a unos 7.000 fieles. Hay gauchos que concurren desde municipios muy alejados de la provincia de Buenos Aires e incluso de Santa Fe, La Pampa y Córdoba.

A lo largo del camino se montan puestos de control atendidos por voluntarios para examinar a los animales, comprobar que están en buen estado y que no sufran deshidratación. Con la vigilancia, han disminuido las muertes. En 2014 fallecieron 18 caballos, seis en 2015 y tres el año pasado. Pero las imágenes de caballos heridos, enfermos y muertos a la vera de la ruta se viralizan cada año y crece el rechazo a la celebración, encabezado por las organizaciones protectoras de animales.